Resuenan las campanas en cierta lúgubre iglesia, donde no hay nadie con el ánimo de escuchar, mientras tiernas gotas de lluvia intentan consolar a los desdichados.
Pasos caminan despreocupados de algunas cosas y preocupados de otras. Manos afirman el cajón con cuidado, zapatos pisan charcos enlodados.
Piedras y maleza dibujan un sendero ruinoso, maltratado por los martillazos del tiempo, agrietando piedras, carcomiendolas creando pequeños obstaculos para los caminantes.
De esta forma llegan a destino, donde un hombre abre un libro y todos los demás parecen estar presentes, pero sus mentes buscan la forma de encontrar el camino que los lleve al recién partido.
Las gotas terminan de acariciar los negros atuendos, se cierran los paraguas y cada uno vuelve a casa, esperando que todo hubiese sido tan solo un sueño.
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